Este 22 de Mayo se celebra el día Mundial de la Biodiversidad; este año, declarado el año Internacional de Los Bosques por la Organización de las Naciones Unidas se enfocará en la necesidad de protección y recuperación de los bosques.
Los bosques tropicales, son los ecosistemas terrestres que albergan la mayor diversidad biológica. En las últimas décadas las actividades humanas han causado un impacto severo en estos ecosistemas, reduciendo la extensión de los mismos. Las principales causas del deterioro de los bosques incluyen la agricultura, la minería y la estracción maderera.
De acuerdo a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la tasa de disminución de las especies ha sido mil veces mayor a la natural en el último siglo, siendo el Hombre el causante principal. De seguir con este patrón, el Hombre sufrirá las consecuencias, ya que nosotros como especies, formamos parte del gran ecosistema que es el planeta Tierra. Es entonces imperativo, tomar acciones para la conservación de los ecosistemas naturales.
Dentro de las metas de conservación establecidas en Septiembre del año pasado, en la Convención de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica, se acordó lograr la protección del 17% de los espacios Terrestres y Lacustres. Sin embargo, entre la “protección de espacios” y la “conservación o recuperación” de los mismos existe un trecho bastante largo.
La creación de figuras de protección, regulaciones de uso y medidas de conservación, resulta inocua si no se logra llevar del papel a la acción, pero sobretodo si éstas no se derivan de un análisis exhaustivo basado en datos reales sobre las poblaciones de especies, los ecosistemas, etc. objeto de las mismas, así como los factores socio-culturales de las comunidades que tienen relación con éstos. Es decir, aunque impere el principio precautorio ¿Cómo proteger de forma efectiva, lo que se desconoce?.
En Venezuela, de acuerdo con datos oficiales, el 48% del territorio nacional se encuentra cubierto por bosques primarios y secundarios, siempreverdes, semi-siempreverdes, secos y muy secos; de llanuras, montanos y submontanos, además de los bosques de manglar. De éste, un 37% se encuentran en áreas bajo régimen de administración especial (ABRAE). La tasa anual de deforestación, se estima en un 1%, variando de acuerdo a la región (hasta un 3% en la Cordillera de la Costa).
Sin embargo, estas estimaciones están basadas en los mapas de cobertura vegetal de 1983, obtenidos con imágenes satelitales de poca resolución (1 Km por píxel) y sin validación actual in situ. Otra desventaja, desde el punto de vista de conservación, para el desarrollo de programas efectivos de protección y recuperación de bosques, es que estos mapas no incluyen la categorización fisionómica o estructural de los bosques.
En consecuencia, hemos evidenciado cómo programas de reforestación, en especial en la década de lo 80´s han modificado la vegetación autóctona y, debido a que sólo reforestan con 2 o 3 especies de árboles han reducido la diversidad biológica que los bosques autóctonos albergan.
Lamentablemente, en conservación, las soluciones mágicas no existen. Debemos analizar bien todas las causas estructurales y desarrollar modelos específicos atendiendo a las características particulares de cada ecosistema para que la solución no termine agravando la situación, como ha sucedido en muchos casos alrededor del mundo. Debemos sobretodo, como sociedad, desarrollar una cosmovisión menos etnocéntrica que establezca una nueva y mejor relación Hombre-Naturaleza.
Francoise Cavada
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